El IPC de EE. UU. en mayo sube al 4,2%, máximo de tres años, impulsado por el repunte de la energía

Huo Xing Finance informó de que, el 11 de junio, el IPC de EE. UU. de mayo aceleró su tasa interanual hasta el 4,2%, el nivel más alto en tres años. La energía avanzó un 23,5% interanual y la gasolina se disparó un 40,5%, aportando más del 60% del aumento mensual de la inflación. El dato refuerza la idea de que las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y los riesgos de suministro en el Estrecho de Ormuz se han convertido en una de las principales fuentes de presión inflacionista global. El encarecimiento energético empieza a filtrarse a la actividad económica a través del transporte y de los costes empresariales. Aun así, el mercado mira con más atención el IPC subyacente: excluyendo alimentos y energía, avanzó solo un 0,2% mensual, por debajo de lo esperado, lo que sugiere que el shock energético todavía no se ha trasladado plenamente a los servicios y al consumo. Vivienda, sanidad y ocio mantuvieron subidas moderadas, mientras que el seguro del automóvil, los vehículos nuevos y los bienes domésticos bajaron, señal de que la demanda interna no se está convirtiendo en una espiral inflacionista. Esto ha llevado a ajustar las expectativas sobre la política monetaria. Con el IPC general al alza, la moderación de la subyacente reduce la urgencia de la Reserva Federal de subir tipos de forma inmediata. La atención se centra en si la reunión de la próxima semana adoptará un sesgo más neutral o restrictivo, más que en una subida directa. Para los mercados financieros, el informe apunta a un cambio relevante: el riesgo dominante pasa de un exceso de demanda a shocks de oferta. Si los precios de la energía se mantienen elevados por factores geopolíticos, la economía global afrontará el escenario de "inflación alta con menor crecimiento"; si el suministro energético se normaliza, la subyacente podría retomar una senda descendente. En criptoactivos, el foco de corto plazo para Bitcoin deja de ser únicamente si la Fed subirá tipos y pasa a ser si la liquidez global puede seguir ampliándose. Si la inflación energética eleva más los costes reales de financiación, las valoraciones de los activos de riesgo sufrirán presión; si la subyacente se mantiene contenida, podría relajarse la inquietud sobre la liquidez.