EE. UU. y Japón intervienen para frenar la caída del yen tras marcar mínimos de 40 años
Estados Unidos y Japón ejecutaron su primera intervención coordinada para comprar yenes desde 1998, con el objetivo de contener el desplome de la divisa. La operación logró un repunte inicial del yen, aunque la presión bajista reapareció después.
Entre el 30 y el 31 de julio, el Ministerio de Finanzas de Japón y el Tesoro de EE. UU. actuaron tras el descenso del yen hasta cerca de 164 por dólar, su nivel más débil en 40 años. La parte japonesa del dispositivo se estima entre 59.000 y 85.000 millones de dólares. Según el esquema descrito, Japón compró yenes a gran escala, mientras el Tesoro estadounidense vendió euros para adquirir yenes.
El ministro japonés de Finanzas, Satsuki Katayama, y el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, confirmaron públicamente la intervención. El presidente Donald Trump también reconoció la participación estadounidense.
Tras la actuación, el yen llegó a apreciarse hasta aproximadamente 155 por dólar. A mediados de agosto, volvió a moverse en el rango de 158-160.
Detrás de la debilidad persistente del yen pesa, sobre todo, el diferencial de tipos. La Reserva Federal ha mantenido las tasas en niveles elevados, mientras el Banco de Japón sigue con una política de tipos históricamente bajos. Ese gap alimenta el "carry trade": financiarse en yenes baratos para invertir en activos en dólares con mayor rentabilidad.
También influyen los fundamentales externos. La factura energética de Japón se ha incrementado en un contexto de tensiones geopolíticas en Oriente Próximo, y el país importa casi todo su petróleo y gas natural. Cada compra de crudo en el exterior implica más salida de yenes, lo que añade presión estructural sobre la moneda.
El precedente más cercano de una intervención conjunta entre Washington y Tokio para apoyar al yen se remonta a 1998, durante la crisis financiera asiática. Katayama y Bessent dejaron abierta la puerta a nuevas actuaciones si el deterioro se intensifica.
En el mercado se contempla que el Banco de Japón pueda subir los tipos para reducir el diferencial con EE. UU. y restar atractivo al "carry trade". El gobernador Kazuo Ueda se ha mostrado prudente a la hora de endurecer la política monetaria, aunque una debilidad prolongada del yen podría acabar forzando un giro.
Desde la perspectiva estadounidense, la participación respondió también a preocupaciones de estabilidad financiera: funcionarios del Tesoro señalaron el riesgo de que un desplome desordenado del yen se traslade al mercado de bonos del Tesoro de EE. UU. y a las condiciones de financiación globales.