EE. UU. y Japón discrepan sobre los próximos pasos tras la intervención en el yen
Estados Unidos y Japón acaban de ejecutar su primera intervención cambiaria coordinada en 15 años. El acuerdo, no obstante, se resquebraja en la discusión sobre el siguiente movimiento.
El 2 de agosto, el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, criticó públicamente al Banco de Japón (BoJ) por retrasar la normalización de la política monetaria y lo calificó de estar \u0022por detrás de la curva\u0022 frente a la inflación. Sus declaraciones llegaron pocas horas después de que Washington y Tokio actuaran conjuntamente para apuntalar el yen, que se había desplomado hasta cerca de 164 por dólar, su nivel más débil en casi cuatro décadas.
Una intervención de 3659.000 millones de dólares
La operación coordinada, ejecutada en torno al 23 de agosto, llevó a Japón a gastar una cifra estimada de 3659.000 millones de dólares para defender su divisa. EE. UU. también participó, en la primera compra conjunta de yenes desde 2011, cuando ambos países se coordinaron tras el desastre de Fukushima.
El efecto fue, al menos, temporal. En los días posteriores, el yen repuntó hacia la zona de 155\u2013157, alejándose de forma apreciable del mínimo de casi 40 años.
Bessent subrayó que la intervención no era un cheque en blanco. A su juicio, las operaciones en el mercado de divisas solo ofrecen un alivio de corto plazo. La solución de fondo, defendió, pasa por que el BoJ eleve realmente los tipos de interés, una medida que el banco central ha evitado aplicar de manera significativa pese a unas presiones inflacionistas persistentes.
La posición incómoda del BoJ
En su reunión del 30\u201331 de julio, el BoJ mantuvo el tipo de referencia sin cambios en el 0%, apenas unos días antes de la intervención. La decisión no fue unánime. Las divisiones internas se han hecho más visibles, con votaciones recientes divididas que apuntan a una facción partidaria de un giro más restrictivo.
Aunque mantuvo los tipos, el BoJ dejó señales de tono restrictivo y sugirió que un endurecimiento podría llegar en su próxima reunión, prevista para el 16\u201317 de septiembre. Los analistas dan cada vez más por probable una subida en septiembre, impulsada tanto por los datos de inflación como por la inusual presión pública del Tesoro estadounidense.
La jugada más amplia de Bessent
El secretario del Tesoro también ha pedido ampliar la facilidad repo FIMA de la Reserva Federal, actualmente limitada a 60.000 millones de dólares, para asegurar liquidez suficiente en dólares cuando los bancos centrales aliados necesiten defender sus monedas. La facilidad FIMA permite a bancos centrales extranjeros intercambiar temporalmente sus tenencias de bonos del Tesoro de EE. UU. por dólares.
Si Japón está consumiendo decenas de miles de millones de dólares en intervenciones, el acceso estable a liquidez en dólares pasa a ser una necesidad estratégica, no un simple respaldo operativo.
Qué deberían vigilar los inversores
La reunión del BoJ de septiembre se perfila como el hito de política monetaria más relevante para quienes tengan exposición a activos japoneses. Incluso una subida modesta supondría un cambio psicológico importante para un banco central que durante décadas ha sido el emblema global de una política ultralaxa.
Si el BoJ endurece, los bonos del Estado japonés podrían sufrir ventas y llevar las rentabilidades al alza. El Nikkei también podría afrontar presión, ya que años de subidas bursátiles se han apoyado en financiación barata y en un yen débil que elevó los beneficios de los exportadores. Un yen más fuerte invierte esa dinámica al encarecer las exportaciones japonesas en el mercado global.
En flujos de capital transfronterizos, unos tipos japoneses más altos reducirían el diferencial frente al dólar y podrían deshacer estrategias de \u0022carry trade\u0022, en las que los inversores se endeudan barato en yenes para invertir en activos de mayor rentabilidad en otros mercados. La última vez que una sorpresa del BoJ alteró estas operaciones, en el verano de 2024, se produjo una fuerte venta de activos de riesgo a escala global.