Japón y EE. UU. intervienen de forma coordinada para sostener el yen por primera vez en 15 años y sacuden el mercado cripto
Japón y Estados Unidos ejecutaron una intervención coordinada para comprar yenes en torno al 1 de agosto, una operación conjunta que no se veía desde hace 15 años. La medida buscó frenar la caída de la divisa, que llegó a situarse en torno a 163 yenes por dólar, su nivel más débil en cuatro décadas. El Ministerio de Finanzas de Japón confirmó la intervención el 3 de agosto y dejó claro que no se trata de una acción puntual: las autoridades dijeron estar preparadas para volver a actuar si fuera necesario, respaldadas por un desembolso estimado de 36,58 mil millones de dólares.
La presión sobre el yen se venía acumulando desde hace meses por la amplia brecha de tipos de interés entre Estados Unidos y Japón. Mientras la Reserva Federal ha mantenido los tipos en niveles elevados, el banco central japonés ha sostenido una política relativamente acomodaticia. Ese diferencial convirtió al yen en una moneda de financiación habitual para operaciones de "carry trade": los inversores se endeudan en yenes a bajo coste y colocan el capital en activos con mayor rentabilidad.
La primera ministra Sanae Takaichi y el ministro de Finanzas Satsuki Katayama llevaban semanas denunciando que los movimientos del yen eran "especulativos y altamente anómalos". El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, respaldó públicamente la intervención coordinada, presentándola como una reafirmación de la alianza entre ambos países y una medida para proteger la economía global. La última vez que Japón y EE. UU. compraron yenes conjuntamente fue en 2011, tras el terremoto y tsunami de Tohoku.
El episodio también tiene implicaciones para los activos de riesgo, incluidas las criptomonedas. En el carry trade, los participantes piden yenes prestados, los convierten a dólares u otras divisas e invierten en mercados como el cripto. Si una intervención impulsa al yen al alza, muchas de esas posiciones dejan de ser rentables. Los operadores se ven forzados a recomprar yenes para cerrar posiciones, lo que refuerza la subida de la moneda y provoca más cierres en cadena. Observadores del mercado ya han señalado una volatilidad relevante en Bitcoin y Ethereum tras la intervención. En julio y agosto de 2024, un ajuste menor de este tipo contribuyó a una venta masiva de activos de riesgo, con caídas significativas de Bitcoin en cuestión de días.
Con el yen en 163 por dólar, en mínimos de 40 años, el mercado interpreta que las posiciones de carry trade se habían ido acumulando durante un periodo prolongado. Aunque los 36,58 mil millones de dólares atribuidos a esta intervención son una cifra elevada, las reservas de divisas de Japón no permitirán sostener indefinidamente ese ritmo sin cambios de fondo en la política del Banco de Japón. Si el BOJ mantiene los tipos sin cambios, la intervención corre el riesgo de convertirse en un simple freno temporal, no en un giro de tendencia.
Japón ya realizó intervenciones unilaterales en 2022 y 2024 que dieron margen a corto plazo, pero no revirtieron de forma permanente la depreciación del yen. En esta ocasión, la participación de EE. UU. altera el equilibrio: un apoyo activo de Washington envía una señal más contundente que una actuación en solitario y sugiere que la debilidad del yen se percibe como un riesgo sistémico.