El oro entra en mercado bajista por primera vez desde 2022

El oro entró oficialmente en terreno de mercado bajista el 9 de junio, tras acumular un retroceso superior al 20% desde su máximo de enero. Es la primera vez que el metal precioso recibe esa etiqueta desde 2022, apenas unos meses después de ser una de las operaciones más favorecidas del mercado. La caída llevó el precio desde un máximo histórico cercano a los 5.600 dólares por onza a finales de enero hasta una banda de aproximadamente 4.100 a 4.300 dólares a mediados de junio. El detonante del movimiento se concentró el 9 de junio: el precio al contado bajó un 3,2% y puso fin a una racha de 660 sesiones consecutivas cotizando por encima de su media móvil de 200 días. Entre los factores que presionan al oro destaca el fortalecimiento del dólar, que encarece el metal para los compradores internacionales. También han repuntado los rendimientos reales —la rentabilidad de los bonos soberanos descontando la inflación—, elevando de forma notable el coste de oportunidad de mantener un activo sin cupón como el oro. Los datos sólidos de empleo en EE. UU. han sido otro elemento clave. Las cifras han llevado al mercado a moderar las expectativas de recortes de tipos y a reactivar las previsiones de posibles subidas por parte de la Reserva Federal. Al mismo tiempo, las tensiones geopolíticas en Oriente Medio han impulsado el petróleo y, con ello, las expectativas de inflación. Cuando esos temores también aumentan la probabilidad de una política monetaria más restrictiva, el saldo para el oro puede volverse negativo. De máximos históricos a mercado bajista en cinco meses En enero, el oro tocó aproximadamente entre 5.598 y 5.608 dólares por onza, un nivel que habría parecido inverosímil incluso un año antes. Las compras de bancos centrales actuaron como viento de cola, con instituciones soberanas de todo el mundo incrementando sus reservas de lingotes a un ritmo histórico durante 2024 y 2025. Esa demanda institucional, sumada a la incertidumbre geopolítica y a la expectativa de una política monetaria más laxa, impulsó un repunte del 70% desde los mínimos de mediados de 2025. La última vez que el oro entró en mercado bajista fue en 2022, cuando el ciclo agresivo de subidas de tipos de la Reserva Federal castigó a prácticamente todas las clases de activos. Implicaciones para los inversores Según distintos informes, varios analistas han recortado sus objetivos de precio a corto plazo. A más largo plazo, entidades como J.P. Morgan mantienen un tono constructivo para más adelante en 2026 y apuntan a que el oro podría recuperar parte del terreno a medida que se estabilicen los mercados y la inflación siga siendo un foco de atención. El apoyo tradicional de las compras de bancos centrales no ha desaparecido del todo, y los patrones históricos sugieren que la demanda soberana tiende a poner un suelo en episodios prolongados de ventas. Bitcoin ha mostrado una resiliencia relativa mientras el oro sufría la presión de un endurecimiento de las condiciones de liquidez, lo que está llevando a algunos inversores a replantearse supuestos de largo recorrido sobre el comportamiento de estos activos bajo distintos regímenes macroeconómicos.