El BCE cierra la puerta a suavizar las reglas de las stablecoins en euros pese al auge del mercado
El Banco Central Europeo (BCE) fijó su postura sobre las stablecoins denominadas en euros. En una reunión celebrada el 22 de mayo en Nicosia (Chipre), la presidenta Christine Lagarde y el Consejo de Gobierno rechazaron formalmente las propuestas para relajar las restricciones aplicables a la emisión de stablecoins en euros, aludiendo a riesgos para la estabilidad bancaria y para el mecanismo de transmisión de la política monetaria.
La decisión llega cuando el mercado global de stablecoins se sitúa en torno a los 300.000 millones de dólares de oferta total, un tercio más que en 2025. Las stablecoins en euros apenas representan el 0,3% de ese volumen.
La principal preocupación del BCE es la desintermediación: si emitir stablecoins en euros se vuelve demasiado sencillo y atractivo, parte del dinero podría salir de los depósitos bancarios tradicionales hacia las reservas que respaldan estos tokens. Eso recortaría una fuente clave de financiación para los bancos y dificultaría que los cambios de tipos se transmitan a través del crédito y los depósitos.
La propuesta que el BCE ha descartado se vincula a una recomendación de febrero de 2026 de Bruegel, el think tank económico con sede en Bruselas, que planteaba reducir el requisito de reserva del 30% que impone actualmente MiCAR (Markets in Crypto-Assets Regulation), el marco de la UE que regula las stablecoins desde 2024.
Ese 30% se considera especialmente exigente frente a lo que afrontan las stablecoins reguladas en Estados Unidos bajo la GENIUS Act, promulgada en 2025 con requerimientos relativamente más ligeros.
Europa tampoco puede ignorar el dominio del dólar. Las stablecoins denominadas en dólares como USDT y USDC concentran la mayor parte del mercado. La relevancia de las alternativas en euros es tan limitada que EURC de Circle, la mayor stablecoin en euros, se sitúa solo en torno al puesto 20 a nivel global.
En el cuarto trimestre de 2025, Europa representó el 38% de las transacciones globales con stablecoins, pero la inmensa mayoría de ese flujo se canalizó a través de tokens en dólares, no en euros.
En paralelo, un consorcio de 37 bancos europeos trabaja en el lanzamiento de una stablecoin en euros, con el objetivo de hacerlo a finales de 2026. Mantener el requisito de reserva del 30% complica la viabilidad económica de emitir stablecoins en euros frente a alternativas en dólares bajo un entorno regulatorio estadounidense.
El BCE también impulsa sus propias iniciativas. El proyecto Appia busca mejorar la interoperabilidad entre la tecnología de registro distribuido y los sistemas bancarios existentes de la eurozona. En cuanto a la moneda digital de banco central, el BCE proyecta una posible emisión en torno a 2029.
Implicaciones para los inversores
Para el consorcio de 37 bancos que apunta a finales de 2026, la posición del BCE introduce un reto evidente: competirán bajo reglas que pueden hacer su producto menos competitivo frente a las opciones reguladas en Estados Unidos. Washington, a través de la GENIUS Act, ha optado por un marco orientado a impulsar el crecimiento de las stablecoins y la primacía del dólar en los pagos digitales. El BCE, en cambio, trata las stablecoins ante todo como un potencial riesgo para la estabilidad bancaria.
El resultado podría ser paradójico: al intentar proteger al sistema bancario tradicional de la disrupción, el BCE podría estar favoreciendo que, cuando los europeos usen stablecoins —y ya lo hacen a gran escala, con el 38% de las transacciones globales—, lo hagan principalmente con tokens denominados en dólares.