Los mineros de Bitcoin se acercan al punto de capitulación, pero la presión vendedora sigue presente
Los mineros de Bitcoin empiezan a mostrar señales de agotamiento típicas de una fase de capitulación, aunque falta un elemento clave del "reinicio" habitual: los grandes operadores siguen vendiendo suficiente BTC como para mantener un flujo constante de nueva oferta en el mercado.
En su informe de minería del 1T de 2026, CoinShares describe un deterioro severo de la rentabilidad. El hashprice habría caído desde unos 63 dólares por PH/s/día en julio de 2025 hasta alrededor de 28–30 dólares a comienzos de marzo de 2026. Esa compresión de ingresos ha empujado a una parte relevante del parque global hacia la no rentabilidad. CoinShares estima que, con esos niveles, entre el 15% y el 20% de los mineros del mundo operarían con pérdidas, lo que aporta un detonante económico claro para el ciclo.
La relevancia es directa: los mineros son una de las fuentes más estables de oferta de Bitcoin. Cuando se ven obligados a vender una mayor proporción de lo que producen o a tirar de sus reservas, pueden mantener la presión sobre el precio incluso cuando el sentimiento mejora.
Esa tensión ya se refleja en la red. Según CoinWarz, la dificultad de Bitcoin cayó un 4,19% en los últimos 30 días y un 6,27% en los últimos 90, con otro ajuste previsto para el 18 de abril de 2026. Las bajadas de dificultad suelen indicar que los operadores más débiles apagan máquinas y salen del mercado, dando margen a los más eficientes. Ese tipo de "limpieza" suele aparecer en las etapas finales de una capitulación minera.
El giro que suele marcar el final de la fase vendedora llega cuando los mineros dejan de liquidar grandes porciones de sus tesorerías para financiar operaciones, servicio de deuda y expansión. Ese paso tiene un impacto mayor en Bitcoin porque cambia el flujo diario de monedas que llegan al mercado al contado.
Por ahora, los datos públicos sugieren que ese cambio no se ha generalizado entre los grandes nombres. Riot Platforms produjo 1.473 BTC en el primer trimestre de 2026 y vendió 3.778 BTC en el mismo periodo, cerrando el trimestre con 15.680 BTC en balance. MARA vendió 15.133 BTC entre el 4 y el 25 de marzo, operación vinculada a recompras de deuda por un total aproximado de 1.000 millones de dólares. CleanSpark produjo 568 BTC en febrero y vendió 553,02 BTC, prácticamente toda su producción mensual.
El cuadro exige precisión: la industria se aproxima a un hito clásico de mercado bajista porque la economía del sector se ha endurecido lo suficiente como para expulsar a los menos competitivos y porque la dificultad ya empieza a aflojar. La fase de acumulación, en cambio, no se ha reactivado con claridad. Un cambio real se vería en estabilización de tesorerías, ventas menores en relación con la producción y un patrón sostenido de retención de BTC por parte de los principales operadores.
Mirar el efectivo ayuda a entender la presión vendedora. Las mineras afrontan costes en moneda fiduciaria (energía, nóminas, hosting, financiación de equipos, vencimientos de deuda), pero ingresan en Bitcoin. Cuando el ingreso por unidad de potencia de cómputo se desploma, la venta de reservas se convierte en un mecanismo de financiación. Las cifras de Riot (vender 3.778 BTC produciendo 1.473 BTC) evidencian que se recurrió a existencias previas. La venta de MARA subraya la misma realidad desde el ángulo del desapalancamiento. CleanSpark muestra la versión operativa: vender casi todo lo minado para sostener el día a día.
El panorama de reservas encaja con esa lectura. En febrero, CryptoSlate señaló que las carteras vinculadas a mineros mantenían alrededor de 1,801 millones de BTC, mientras el valor en dólares de esas reservas había caído más de un 20% en cerca de dos meses, hasta unos 133.000 millones de dólares. La caída se explica por la combinación de precios más bajos frente al pico de 2025, ingresos por comisiones débiles y una competencia aún elevada en la red.
En el plano de precio, según datos de CryptoSlate, BTC cotiza en 69.900 dólares, con subidas del 4,38% en 24 horas, del 3,63% en siete días y del 2,81% en 30 días. Aun así, se mantiene un 44,61% por debajo del máximo histórico del 6 de octubre de 2025, situado en 126.198 dólares. Este contexto alimenta las apuestas por un suelo, pero deja a los mineros bajo tensión financiera. En estas fases, los rebotes suelen revelar quién vendía por elección y quién por necesidad.
De cara al próximo tramo, el mercado busca señales de que el estrés de balance se diluye: que la merma de tesorerías se frene y que las mineras cotizadas empiecen a reportar ventas por debajo de su producción. Si, por el contrario, los grandes operadores siguen monetizando reservas incluso con repuntes de precio, la fase de alivio puede prolongarse y limitar los intentos de recuperación.
Tres fuerzas concentran la atención: la evolución de la dificultad, la demanda externa y el cambio de modelo de negocio de los grandes mineros.
1) Dificultad. Un nivel menor reparte más recompensas entre los supervivientes y suaviza el estrangulamiento de ingresos. Por eso el ajuste previsto para el 18 de abril en CoinWarz cobra relevancia. Un recorte más profundo favorecería a los mejor capitalizados y podría concentrar la producción en manos con mayor capacidad para decidir cuándo vender, acercando al mercado a una reactivación de la acumulación. Un ajuste leve o un rápido retorno de la competencia mantendría la presión.
2) Demanda externa, especialmente ETFs spot en EE. UU. Según Farside, hubo flujos netos positivos de 69,4 millones de dólares el 30 de marzo y 117,5 millones el 31 de marzo, seguidos por una salida de 173,7 millones el 1 de abril y una entrada de 9 millones el 2 de abril. Hay demanda, pero todavía no se consolida una fase continua de absorción. Flujos irregulares dejan al mercado más expuesto a la oferta de los mineros.
3) El giro hacia la IA. CoinShares estima que, a finales de 2026, las mineras cotizadas podrían obtener hasta el 70% de sus ingresos de actividades vinculadas a IA, frente a aproximadamente el 30% actual, aprovechando el acceso a energía e infraestructura de centros de datos. Entre 2025 y comienzos de 2026 se anunciaron más de 70.000 millones de dólares en acuerdos de colocation de GPU y servicios relacionados con la nube, reforzando la tesis de que algunas mineras se están convirtiendo en "plays" de infraestructura. Esto altera incentivos: una compañía con oportunidades atractivas de hosting de IA puede priorizar reducir deuda, financiar expansión o reasignar potencia eléctrica, en vez de acumular Bitcoin.
Los hitos históricos de capitulación minera siguen siendo útiles porque el negocio continúa siendo cíclico y la venta forzada deja huella en tesorerías, dificultad y drenaje de reservas. Aun así, la siguiente etapa podría no parecerse a un simple retorno a patrones anteriores. Algunos operadores podrían frenar ventas porque mejora la economía de minado; otros podrían seguir vendiendo porque su foco estratégico migra hacia ingresos ligados a la IA. La señal clásica de acumulación podría llegar más tarde, o aparecer solo en una parte del sector.
Por eso, las referencias a vigilar son claras: si los principales mineros empiezan a vender menos de lo que minan; si la dificultad sigue bajando lo suficiente como para recuperar márgenes; si los flujos de ETF se estabilizan en una absorción más constante; y si la infraestructura para IA se convierte en el destino preferente del capital de las mayores compañías.
Hoy, la lectura más consistente es intermedia. El sector se acerca a un punto de "lavado" clásico porque las condiciones económicas ya fuerzan salidas y la dificultad empieza a ceder. Lo que aún no aparece de forma generalizada es el reinicio de la acumulación entre los mayores actores. Hasta que las ventas de tesorería disminuyan de manera visible, quienes producen nuevos BTC seguirán siendo una fuente relevante de presión para el mercado, incluso cuando se empiezan a configurar las condiciones de un reajuste más profundo.