El Banco de Japón valora pausar el recorte de compras de bonos ante la volatilidad de la deuda pública
El Banco de Japón (BOJ) debate internamente si conviene frenar una de las transiciones de política monetaria más relevantes de su historia reciente. Según fuentes conocedoras de las deliberaciones, la entidad estudia pausar la reducción de sus compras de bonos soberanos más allá del ejercicio fiscal que termina en marzo de 2027.
El debate llega en un momento de máxima tensión en el mercado. El rendimiento del bono del Gobierno japonés (JGB) a 10 años repuntó hasta el 2,8% el 18 de mayo, su nivel más alto en cerca de 29,5 años, una señal de que deshacer décadas de estímulo monetario no es un proceso lineal.
El BOJ ha ido recortando sus compras desde julio de 2024. En un primer tramo, redujo el volumen en torno a 400.000 millones de yenes por trimestre. Ese ritmo ya se ha moderado de forma notable y, a partir de abril de 2026, el recorte pasó a 200.000 millones de yenes por trimestre. El plan vigente apunta a compras mensuales de JGB de aproximadamente 2 a 3 billones de yenes, con el objetivo de situarlas cerca de 2 billones de yenes en el primer trimestre de 2027. La incógnita es qué trayectoria seguirá a partir de entonces.
En la reunión de política monetaria del 15-16 de junio, el BOJ revisará formalmente el calendario de reducción de compras y abordará planes que se extenderían hasta el ejercicio fiscal 2027. Aunque el consejo mantiene posturas divididas, la inclinación dominante sería mantener el nivel mensual actual en lugar de profundizar los recortes.
Una encuesta del BOJ realizada en mayo recogió que algunos inversores piden explícitamente detener el tapering desde el ejercicio fiscal 2027, con el argumento de que la volatilidad ha sido intensa y el mercado necesita margen para estabilizarse. El gobernador Kazuo Ueda ha insistido públicamente en la necesidad de vigilar de cerca la evolución del mercado de bonos, tras el reciente salto de las rentabilidades.
La sensibilidad del mercado va más allá de Tokio por una cuestión de escala: el BOJ mantiene en torno al 49% del stock de bonos del Gobierno japonés en circulación. El repunte de las rentabilidades se produce en un contexto de mayor inestabilidad, alimentada por shocks energéticos geopolíticos y la persistencia de las preocupaciones inflacionistas. A esto se suman las estrategias fiscales planteadas por la administración de la primera ministra Sanae Takaichi, que reavivan el debate sobre cómo gestionará Japón su abultada deuda pública si el coste de financiación continúa subiendo.
El diseño del proceso de reducción de compras contemplaba margen de maniobra para adaptarse a la dinámica del mercado. Ese "mecanismo de escape" se está poniendo a prueba.
Desde 2024, bajo el liderazgo de Ueda, el BOJ ha ido desmontando gradualmente su marco monetario extraordinario. Entre las medidas, figura la retirada del control de la curva de rendimientos, el mecanismo que limitaba los tipos de interés a largo plazo al margen de las fuerzas del mercado. En la reunión del 15-16 de junio también se tratará, según las informaciones, la cuestión de futuras subidas de tipos, sin que por ahora se aprecie urgencia por acelerar ese paso.